Evangelio del día 11 de Abril de 2026.

Marcos 16, 9-15
Resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».
Hoy nos fijamos en la frase:
“Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”
Jesús se aparece a María Magdalena y ella va a inmediatamente a anunciarlo, y hacen lo mismo los dos de Emaús. No se quedan quietos reservando para sí el encuentro con Jesús.
Ante la duda y la incredulidad, de los más cercanos “los Once elegidos” que reciben la noticia, pues Judas ya se había ahorcado, Jesús se aparece, comparte la mesa, y les hace ver y comprender que tienen que continuar con la misión de anunciar el Reino de Dios.
Los cristianos estamos llamados a creer en Cristo y compartimos la mesa de la Eucaristía. Su Resurrección es el centro de nuestra fe, y también nosotros tenemos la misma misión que encomendó a aquellos primeros Apóstoles y a aquellas primeras mujeres.
La fe no es para guardarla para uno mismo, tiene que crecer para iluminar a los demás, transmitirse, extenderse, ofrecerse, para que sea una fe viva y eficaz, para que sea una fe servicio, comunicación y comunión fraterna compartida no solo en la mesa de la Palabra y la Eucaristía, sino en la vida diaria y cotidiana. En una vida de testimonio cristiano que transmita el amor y la misericordia de Dios Padre, la Salvación de Dios Hijo y la iluminación constate a todos de Dios Espíritu Santo.
Señor, queremos ser verdaderos discípulos que viven una fe viva, siempre en salida y servicio hacia los demás. Una fe testimoniada con nuestra vida, ayudada por nuestra vocación de adoradores nocturnos.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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