Evangelio del día 13 de Febrero de 2026.

Marcos 7, 31-37
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
Hoy nos fijamos en la frase:
“Effetá (esto es, «ábrete»”
Jesús nos invita hoy a abrir nuestros corazones y no solo nuestros oídos. También nos invita a escuchar con atención su Palabra para luego poder comunicarla a los demás.
A nosotros Adoradores Nocturnos, como al sordo, nos llama aparte, nos llama a estar cerca y a solas con Él en los momentos de silencio de nuestras vigilias.
Nos invita a escuchar la Palabra de Dios, a recitarla y meditarla en comunidad.
Nos invita a que salgamos llenos de Espíritu para comunicarla a los demás. Y ese comunicar y anunciar su Palabra es lo que hace comunidad, lo que hace que trabajemos por devolver la dignidad a las personas como el hizo con ese hombre que se sentía apartado por su dificultad para oír y hablar.
Jesús nos toca dentro de nuestro corazón, se acerca, nos llama aparte y nos sana, se compadece de nuestras faltas y pecados y eleva sus ojos al cielo con amor y compasión para decirnos que tenemos que abrirnos a una nueva vida u a una conversión sincera.
Nos dice, abriros a la Palabra de Dios, a comunicar el Evangelio, a llevar la dignidad y la verdad a las personas que tienen dificultades.
Nos dice lo importante que es escuchar para enriquecer la fe, el amor y la compasión. Si no escuchamos es difícil entender y luego comunicar. Es difícil fortalecer la fe y podemos volvernos mudos o comunicar erróneamente la vida cristiana.
Jesús nos invita a abrirnos al mundo sin miedo, sin perjuicios ni prejuicios; a abrir nuestros corazones a todos los hombres, a actuar con cercanía, a escuchar también a los hermanos y hacer el bien, a intentar que le vean en nosotros. A Él le alababan y decían: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.
Señor, te pedimos un corazón sencillo y bien dispuesto a la escucha de tu Palabra.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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