17 de Febrero de 2026. Una frase del Evangelio de cada día. “¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís?”

Evangelio del día 17 de Febrero de 2026.

Marcos 8, 14-21

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan y no tenían más que un pan en la barca. Y él les ordenaba diciendo: «Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes». Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes. Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?». Ellos contestaron: «Doce». «¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?». Le respondieron: «Siete». Él les dijo: «¿Y no acabáis de comprender?».

Hoy nos fijamos en la frase:

            “¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís?”

En este evangelio Jesús plantea muchas preguntas a sus discípulos. Preguntas que hoy también nos hace a nosotros Adoradores Nocturnos y a toda la Iglesia.

Estamos  más preocupados por lo material, por aquello que nos falta, por lo que no logramos alcanzar, por los problemas que tenemos, reales, pero que nos distraen de lo principal, que de reconocer a Jesús y confiar plenamente en Dios.

Recordamos el pasado como tiempos mejores (éramos tantos cristianos, teníamos tantos miembros en nuestro movimiento, cofradía, comunidad religiosa…) y nos olvidamos del presente. Nos olvidamos de como actualizarnos para reconocer en la Palabra, en la Liturgia, en la Eucaristía y los Sacramentos a ese Dios amor que nos da la libertad de obrar y de seguirle. De ese Dios Padre, ese Jesús Hijo y de esa tercera persona Espíritu Santo, que son el Pan de todo cristiano.

Hoy Jesús nos invita a contestarnos todas esas preguntas y a una conversión interior, que nos dé una fe fuerte, una confianza absoluta, una comprensión de la forma de actuar del Señor. Que nos haga ver más allá de lo puramente visible y oír con más atención y profundidad lo que nos dice en cada momento, en cada situación, que tenemos que hacer.

Nos invita a alejarnos de esa fe superficial del cumplimiento, cuando se refiere a  “evitad la levadura de los fariseos y de Herodes”. Es una invitación a huir de esas preocupaciones y miedos que no nos dejan reconocer la presencia tranquilizadora de Dios. También es una invitación a confiar en Él y no en nuestras propias fuerzas. A ser levadura nueva auténtica, llena de amor, de verdad, de humildad, de misericordia y de amor que transforme nuestro interior y sirva a la misión del Reino de Dios.

Señor, queremos estar en tu barca y reconocerte, reconocer todo aquello que haces por nosotros, dejar todo aquello que nos preocupa y aparta de la fidelidad al Evangelio, y ser levadura transformadora que sirva para que los hombres vean en nosotros auténticos cristianos.

Adorado sea el Santísimo Sacramento.                              

Sea por siempre Bendito y Alabado.                                               FVR.

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