Evangelio del día 21 de Febrero de 2026.

Lucas 5, 27-32
En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?». Jesús les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».
Hoy nos fijamos en la frase:
“dejándolo todo, se levantó y lo siguió”
¿Qué vería Mateo en la mirada de Jesús para dejarlo todo, levantarse y seguirle? El que lo tenía todo, tuvo que ver algo que le faltaba, algo nuevo que no se podía comparar con el poder, el dinero, la buena vida, las comodidades…
Sabemos que los cobradores de impuestos en aquella sociedad estaban mal vistos, eran incluso odiados y considerados traidores a Israel.
Jesús, no juzga, no mira la vida que lleva ni la que ha llevado. Jesús se acerca, se ofrece, llama a seguirle; a vivir una experiencia nueva, una vida distinta, a practicar unos valores totalmente diferentes.
Y, Mateo, que recibió la gracia de reconocer a Jesús en esa mirada que le devolvía la dignidad, que le cambiaba su corazón frio de recaudador en un corazón ardiente y deseoso de amar, tuvo una respuesta rápida. Levantarse e invitar a Jesús a su casa.
Jesús también pasa constantemente delante de nosotros y nos mira. Nos mira y nos invita a seguirle, cuando vemos las necesidades de los hermanos, el sufrimiento, el desprecio, el juicio precipitado, cuando excluimos, cuando juzgamos, cuando hablamos mal de alguien, cuando no nos ofrecemos a los demás, cuando solo nos ocupamos de nuestras cosas y comodidades.
Jesús se acerca porque sabe que le necesitamos, que somos débiles y pecadores “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos”, para ofrecernos el milagro del amor, para que le invitemos a entrar en nuestro corazón, “Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa”, para que nos convirtamos, para que entendamos que seguirle y estar con Él cambia nuestra vida.
Señor, míranos, levántanos de las mesas de nuestra comodidades, egoísmos y ataduras que nos impiden verte en los descartados de esta sociedad.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
Deja una respuesta