Evangelio del día 22 de Agosto de 2025.

Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».
Hoy nos fijamos en la frase:
“¿cuál es el mandamiento principal de la ley?”
Breve, pero importante el evangelio de hoy. También nosotros debemos reflexionar sobre la contestación de Jesús al doctor de la ley y entender bien el significado de su respuesta.
Las leyes judías contemplaban el amor a Dios y al prójimo, pero en textos diferenciados y en una gran cantidad de leyes rigoristas, que a veces no facilitaban ser comprendidas ni practicadas.
¿Cuál es la enseñanza de Jesús y la lección que tenemos que aprender y practicar?
Jesús, da una contestación fundamental para todo cristiano. Está muy claro en su respuesta. Jesús une el amor a Dios con el amor al prójimo, los hace inseparables, de tal forma que es imposible amar a Dios si no amas a tu prójimo, son dos mandamientos unidos en uno solo. Es imposible decir que amas a Dios, si desprecias, si no te ocupas, si olvidas al prójimo. Y si amas al prójimo es imposible que ese amor vaya separado del amor a Dios.
Este mandamiento es una cuestión esencial para la vida cristiana, Normas, ritos, liturgias, actos religiosos, solo tienen sentido si están orientados desde el corazón, desde el amor hacia Dios y los hermanos, desde el amor y la fraternidad.
El amor está por encima de toda norma, de todo cumplimiento, ya que si no actuamos con amor lo más seguro es que el cumplimento de las normas y cultos pierdan su sentido religioso.
Señor, queremos amarte con todo nuestro corazón y que comprendamos bien que ese amor no es posible si no amamos al hermano.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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