Evangelio del día 23 de Enero de 2026.

Marcos 3, 13-19
En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él. E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios: Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.
Hoy nos fijamos en la frase:
“llamó a los que quiso y se fueron con él”
Como en otras ocasiones, Jesús sube al monte a orar. Lo primero que nos enseña es que para estar con Él la oración es el principal camino. Nos muestra que primero tenemos que utilizar el silencio, el recogimiento interior y estar bien dispuestos así para la llamada y el seguimiento.
Esa primera frase “llamó a los que quiso”. No es una llamada arbitraria ni caprichosa. Jesús se pone en silencio, habla y escucha a su Padre, y luego toma decisiones. Este es el ejemplo más claro, silencio, oración y escucha, que podemos tener para ponernos en camino hacia Él.
La segunda parte de la frase “y se fueron con él”. Es la que nos invita al seguimiento incondicional para que esa llamada sea completa.
Hay una tercera frase, “para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar”, que tiene que llenarnos de alegría e inundar nuestro corazón de todo el amor de Dios.
En resumen, Jesús nos invita al silencio, la oración y la escucha. Nos llama sin fijarse en nuestras fragilidades, dudas y pequeñeces a estar junto a Él como lo hizo con los que subieron con Él al monte, para escuchar, seguir y proclamar la Palabra de Dios, y quizá para elegir a algunos con una misión más específica.
Nuestra respuesta no puede ser otra que irse con Él, porque en la oración el silencio y la escucha, que es ese estar con Él, se fortalece nuestra fe, nuestro corazón se llena de amor y se transforma nuestra vida.
Señor, desde la confianza en la llamada que nos has hecho a adorarte en las horas de la noche, con toda sencillez y humildad queremos darte gracias por esos ratos de silencio junto a Ti, y que nuestra respuesta sea entregar ese amor que nos has dado a todos los hombres.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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