Evangelio del día 26 de Febrero de 2026.

Mateo 7, 7-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden! Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».
Hoy nos fijamos en la frase:
“Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”
Jesús además de enseñarnos a orar, nos invita a hacerlo con insistencia y perseverancia. Hoy nos habla claramente de la oración de petición: pedir, buscar y llamar. Tres maneras de acercarnos y confiar en Dios.
Tenemos que pedir, aunque Dios ya sabe lo que necesitamos, por eso debemos ser perseverantes, para mostrarle nuestra confianza en que nos dará lo que nos conviene, aunque no sea lo que queremos nosotros. Nos pone un ejemplo bien claro ¿Qué padre va a dar algo malo a un hijo?, pues nuestro Padre del Cielo que es todo amor, mucho menos va a querer algo malo para sus hijos.
Otra actitud que tenemos que poner en práctica en la oración, es buscar, no quedarnos en la oración de palabra. Jesús nos pide una actitud comprometida de servicio, de gestos y actuaciones concretas, de colaboración en la misión evangelizadora a la que estamos llamados como cristianos. Oremos buscando activamente perdón y perdonar, honestidad, paciencia, paz, alegría, dulzura, bondad, compasión… en nuestros corazones, para poder entregarlo a los más necesitados.
Cuando oremos tenemos que estar convencidos que lo hacemos llamando a la única puerta que nunca se cierra, a esa puerta que es el corazón amoroso del Padre, que nos acoge a pesar de nuestras debilidades y nos invita a la mesa de la Palabra y la Eucaristía.
Al final de este evangelio nos habla del trato con los demás. Sus palabras son suficientemente explicativas: tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Esa relación con los demás, donde tenemos que ver al hermano, es inseparable de la relación con Dios.
Señor, queremos ser perseverantes en la oración, que comprendamos que muchas veces no sabemos lo que pedimos y sepamos aceptar su voluntad, para buscarle y encontrarte en aquellos que nos necesiten. Que tu Espíritu llame a nuestros corazones para abrirlos a relacionarnos con sensibilidad y humildad con nuestros hermanos.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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