30 de Diciembre de 2025. Una frase del Evangelio de cada día. “se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos”

Evangelio del día 30 de Diciembre de 2025.

Lucas 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño, se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

Hoy nos fijamos en la frase:

            “se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos”

Vemos hoy la perseverancia, la esperanza y la confianza de la anciana Ana.

Dedicada al templo y la oración, su deseo se cumplió y al ver al niño no necesito ningún otro signo, reconoció inmediatamente al Mesías, se le ilumino el corazón y se puso a dar gracias a Dios y a comunicar la gran noticia a todos. Ella esperaba y no necesitó signos extraordinarios, su preparación a través de la oración, su sencillez y su fe fueron suficientes.

¿A que nos invita este pasaje?

A ser perseverantes en la fe, a ser constantes en la oración, a tener paciencia y a confiar en Dios.

Aunque Dios parezca que está oculto, que no actúa en nuestras vidas y que se ha olvidado de nosotros, la fe nos dice todo lo contrario. Dios actúa en silencio, pasa a nuestro lado como una brisa suave, por eso la constancia en la oración, la fidelidad y la esperanza son fundamentales para sentirle y recibirle.

Los silencios de nuestras vigilias nocturnas, son los momentos especiales y esenciales para percibir su presencia no solo mirándole en la Custodia, sino recibiéndole en nuestro corazón, siniéndole y dejándole que lo inunde de gracia, para que salgamos al mundo como Ana, desde lo sencillo y humilde, hablando y proclamando que nos ha llegado la Luz y el Amor.

Señor, hoy te pedimos perseverancia, no cansarnos nunca de reconocerte en los sencillos, humildes y necesitados, y que nuestras oraciones nos ayuden a ser fieles testigos tuyos.

Adorado sea el Santísimo Sacramento.                               Sea por siempre Bendito y Alabado.

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