Evangelio del día 21 de Enero de 2026.

Mateo 3, 1-6
En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo. Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio». Y a ellos les pregunta: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?». Ellos callaban.
Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida. En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
Hoy nos fijamos en la frase:
“Extiende la mano. La extendió y su mano quedó restablecida”
Para demostrar que las hipocresías, los rigorismos y formalismos no conducen al verdadero amor y seguimiento de Jesús, tenemos que poner al hombre en el centro aunque nos resulte difícil y nos cueste.
Hacer el bien, levantar al caído, tenderle la mano, es lo que Jesús nos enseña hoy que tenemos que hacer.
Amar por encima de todas las cosas. No callar ante la necesidad. Ablandar nuestro corazón. Llevar la fe a quien no conoce a Jesús, o ayudar a restablecerla a quien duda. Esa es la mano que tenemos que tender nosotros a los hermanos.
Caminar fijándonos solo en los formalismos y ritos religiosos, con nuestras manos encogidas y nuestro corazón endurecido, es una forma cómoda de cristianismo, es una manera triste de llevar la libertad, el amor y la sanación a quienes piden nuestra ayuda, es una manera de dar la razón al fariseísmo y formalismo religioso.
Jesús nos pone en medio, nos pide que nos entreguemos a los demás, que extendamos nuestro amor para que llegue a todos.
Señor, libéranos de la dureza de corazón para que sepamos poner a las personas en el centro de nuestras vidas.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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