Evangelio del día 24 de Enero de 2026.

Marcos 3, 20-21
En aquel tiempo, llegó Jesús a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.
Hoy nos fijamos en la frase:
“se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer”
Sorprende que un relato tan breve pueda decirnos varias cosas.
Jesús no solo llama y pide estar junto a Él como veíamos ayer, sino que comparte casa con sus discípulos. Jesús lo comparte todo y quiere que nosotros aprendamos estas cosas.
Además vemos que la gente le sigue. Gente sencilla, que ha oído hablar de Él, que le ha visto hacer milagros, curar enfermos, resucitar muertos, perdonar los pecados, en definitiva gente que ve que se ocupa de los despreciados de aquella sociedad. Le siguen porque encuentran en Jesús algo diferente a otros que se proclaman profetas o muy cumplidores de la ley. Encuentran en Jesús algo distinto, sencillez, humildad, compasión, misericordia y amor. Y como cita el texto es tal la cantidad de gente y la actividad de Jesús, que no tiene tiempo ni para lo más básico como el comer.
Todo esto desconcertaba a los dirigentes religiosos de la época e incluso a parte de su familia y de sus paisanos de Nazaret, ya que los 30 primeros años su vida habían transcurrido en una vida cotidiana y sencilla, ayudando a José en la carpintería. Por eso no entendían ni comprendían lo que estaba haciendo y tratan de llevárselo pensando que no estaba bien, que estaba loco.
Vemos que comprender a Jesús resulta difícil, a veces incomprensible, otras incómodo para nosotros, por eso a veces pensamos que no es posible que nos ame con esa locura, con esa entrega que llega hasta la muerte y resurrección por salvarnos.
La fe y el seguimiento de Jesús, siempre y ahora también, trae dificultades, rechazo en ocasiones, incomprensión incluso de las personas más cercanas, ridiculización e incluso persecución y martirio.
Señor, ayúdanos a no dejarnos asustar por los juicios ajenos, las críticas y el rechazo y a que permanezcamos fieles al servicio del Evangelio.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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