Evangelio del día 1 de Febrero de 2026.

Mateo 5, 1-12ª
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».
Hoy nos fijamos en la frase:
“Bienaventurados…”
Las bienaventuranzas son para nosotros los cristianos la guía que tiene que tomar nuestra vida, el camino que hemos de seguir si somos verdaderos discípulos de Jesús.
Jesús está invitándonos a hacer todo aquello que es Él , pobre en el espíritu, manso de corazón, luchó por la paz y la justicia, tuvo misericordia y compasión, lloró por su amigo Lázaro, fue perseguido y condenado por hacer el bien.
Las bienaventuranzas tienen que ser para nosotros la guía espiritual de nuestras vidas. Seguir a Jesús es hacer lo que Él hizo. Es poner nuestro corazón a disposición de sus enseñanzas, entregar nuestra vida por el Reino de Dios.
Esto es lo que el Jesús nos dice, seréis bienaventurados, dichosos, felices si en vuestra vida lucháis por la paz y la justicia, si ejercéis la misericordia y perdonáis, si tenéis compasión, si lloráis con el que llora, si sabemos mantenernos firmes en la fe aunque nos persigan y nos condenen, si os dejáis guiar por el espíritu y no por el mundo.
La dicha que Jesús nos promete no tiene nada que ver con la felicidad humana, pasajera y engañosa, que dura un instante. Jesús nos promete una felicidad duradera que tenemos que empezar a construir y disfrutar en este mundo y luego en la vida eterna. Pero tenemos que tener bien claro que para disfrutar de esa felicidad eterna, solamente podemos llegar a ella desde aquí y ahora. Jesús así nos lo enseña, fue bienaventurado plenamente como hombre y vino a enseñarnos como serlo nosotros.
Señor, queremos seguir esa guía espiritual, ese camino que son la bienaventuranzas, no permitas que las cosas del mundo, el poder, el dinero, el egoísmo y la injusticia nos aparten de ti.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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