6 de Marzo de 2026. Una frase del Evangelio de cada día. “envió sus criados a los labradores para percibir los frutos”

Evangelio del día 6 de Marzo de 2026.

Mateo 21, 33-43.45-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos». Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Hoy nos fijamos en la frase:

            “envió sus criados a los labradores para percibir los frutos”

Una parábola dura la del evangelio, en la que el mismo Jesús anuncia el rechazo que va a sufrir, su muerte y como la Iglesia de la que Él es la piedra angular es la sucesora, la nueva alianza de Dios con todos los hombres.

Hoy Dios nos ha arrendado a nosotros esa viña y tenemos que examinarnos y discernir cómo la utilizamos, cómo la cuidamos, que frutos da la explotación que hacemos de ella y cómo hacemos la entrega de los frutos que el Señor espera que produzca.

Puede que tengamos la tentación o la equivocación de cuidarla en nuestro propio interés, sin tener en cuenta lo que Dios nos pide. Que la explotemos sin seguir la Palabra del Señor porque no le escuchemos o porque nos hemos vuelto cómodos y cumplimos con un seguimiento mínimo de normas, o cobardes ante los ataques de quienes nos desprecian, persiguen, o simplemente nos ignoran o se ríen de nuestra fe.

La viña del Señor no es nuestra, y lo que el Señor quiere de nosotros es que la cuidemos con mucho amor, con espíritu de servicio y que los frutos sean repartidos justamente entre todos. Por eso no podemos cuestionar la autoridad del dueño ni serle infieles, sino intentar que los frutos estén en proporción al amor y los dones que Dios derrocha en nosotros.

Rechazar el encargo de cuidarla, pensar que nosotros somos los dueños, intentar apropiarnos de ella o creer que todo depende de nosotros,  es un acto de orgullo que nos conduce a no dar los frutos de misericordia, compasión, justicia y fidelidad que el Señor espera de nosotros.

Señor, reconocemos los dones que nos has dado y aceptamos la responsabilidad que pones en nuestras manos para cuidar este mundo. Reconocemos que nos has dado todo lo que somos y tenemos, ayúdanos a servirte fielmente y a dar frutos verdaderos.  

Adorado sea el Santísimo Sacramento.                              

Sea por siempre Bendito y Alabado.                                               FVR.

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