Evangelio del día 6 de Abril de 2025.

Mateo 28, 8-15
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros». Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.
Hoy nos fijamos en la frase:
“Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos»”
Ante nuestros temores y dudas, Jesús va siempre a buscarnos, a encontrarse con nosotros.
En ese encuentro con Jesús hemos de sentir ese “Alegraos”. Nosotros como adoradores nocturnos, seguro que hemos sentido muchas veces la alegría de estar mirándole expuesto en custodia, pero con el miedo y temor de ser indignos de estar allí por causa de nuestras debilidades. Por eso postrarnos de rodillas ante Jesús Sacramentado, escuchar la Palabra, meditarla en silencio y poner nuestro corazón atento a lo que quiera decirnos, nos ha de llenar de confianza evitando todo miedo a la transformación de nuestras vidas.
Ese encuentro con Jesús, nos invita a ser activos, y ayudados por la oración, sin miedos y con la alegría de saber que ha resucitado, ir a anunciarlo al mundo entero.
En este relato nos encontramos también, con aquellos a los que a pesar de haber visto lo ocurrido, no creyeron en la resurrección y para no complicar sus vidas, se ampararon en los consejos y el dinero de las autoridades religiosas, para faltar a la verdad de lo ocurrido. A los soldados y a los sumos sacerdotes, les faltó abrir el corazón a la fe.
Señor, nosotros queremos tener nuestros corazones alegres, dispuestos a encontrase siempre contigo. Ayúdanos a evitar los temores y las dudas de fe y a ser fieles discípulos que anuncien el Evangelio.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
Deja una respuesta