Evangelio del día 17 de Abril de 2026.

Juan 6, 1-15
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?». Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo». Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?». Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda». Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo». Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
Hoy nos fijamos en la frase:
“Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?”
Jesús pone a prueba a los discípulos, pregunta a Felipe, y la contestación de este, es en cálculos económicos y materiales. A nosotros también nos pregunta constantemente ante la multitud de hermanos necesitados en el mundo. ¿Qué contestamos nosotros?
Puede que no hayamos entendido todavía las grandes lecciones de Jesús. Andrés, quizá de una forma más atrevida que los otros, o quizá pensando que Jesús podía hacer algo, pues ya había visto los milagros que hacía Jesús y confiaba en Él, le dice que hay un muchacho que ha previsto su comida para seguirle, “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?”.
Fijémonos en el “pero” de Andrés, ¿qué es eso para tantos?, Parece que a Andrés, ante tan pequeña cantidad, le entra la duda como a nosotros, que muchas veces y en muchas ocasiones nos preguntamos ¿Y qué puedo hacer yo? Ya hay poderosos, ricos, instituciones, ONGs, o la misma Iglesia, que se tienen o deben ocupar y no son capaces de acabar con el hombre en el mundo.
Fijémonos ahora en lo que puede hacer Jesús hoy. Jesús con un poco de nuestro tiempo, de nuestra oración, de nuestra adoración, de nuestra pequeña aportación de caridad, puede hacer mucho, puede saciar a todos. Jesús hace el milagro, a nosotros solo nos pide colaboración realizando esas pequeñas cosas que el convertirá en grandes, aunque nosotros seamos incapaces de verlas y apreciarlas. Dios hace grande lo pequeño.
El signo de la multiplicación del pan y reparto es claramente un signo eucarístico, que nos invita a compartir lo poco y a confiar en que sobrará para ser recogido y reservado, como le reservamos a Él en el Sagrario. Los doce cestos recogidos, también pueden ser un símbolo que debe de interrogar nuestras conciencias ante el despilfarro y el derroche de los que tenemos de sobra en estas sociedades, mientras que hay hambre en el mundo.
Señor, hoy queremos preguntarnos en un momento de silencio ante ti, donde quiera que estemos ¿Qué te ofrezco hoy para que repartas?. Perdona nuestras faltas de entendimiento y confianza en ti, nuestras faltas de generosidad.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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