Evangelio del día 14 de Mayo de 2026.

Juan 15, 9-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».
Hoy nos fijamos en la frase:
“que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud”
Además del mandato de amarnos unos a otros como Él nos ha amado, de pedirnos que permanezcamos en su amor, que guardemos sus mandamientos, Jesús quiere que seamos cristianos alegres. Cristianos que vivamos el Evangelio con alegría, con pleno convencimiento de llegar a la plenitud del conocimiento de la verdad, con verdadera libertad, unión y amistad con Él, ya que de lo contrario, el mandamiento del amor, parecería una imposición. Y Jesús nos lo dice bien claro, guardar sus mandamientos es permanecer en el amor. En el mismo amor que él ha tenido al Padre.
El amor que Jesús nos pide que practiquemos no es pasajero o de conveniencia, sino un amor sostenido y mantenido en el tiempo. Un amor constante, cotidiano y profundo, que sea en nuestra vida el centro y la medida del seguimiento de sus enseñanzas.
Es un amor que no es solo para ocasiones o situaciones especiales, sino que tenemos que vivirlo en lo cotidiano del día a día, de las ocasiones que se nos presentan en cada momento. Un amor construido en lo sencillo, que no tiene medida, que se practica en el servicio, la entrega, la misericordia, el perdón, la compasión, la generosidad…, un amor que se entrega sin esperar recompensa, que solo tiene como objetivo el bien del otro.
Si además, lo hacemos con la alegría de saber que Jesús está con nosotros, ese amor dará los frutos que Él espera al habernos elegido para seguirle; y esa misma entrega amorosa se tornará en la alegría plena de amar sin medida y sabernos amados.
Señor, danos la gracia de permanecer en tu amor y que la alegría y amistad que tú nos das no nos abandone nunca, para poder comunicar ese amor, amistad y alegría a todos los hombres.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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