Evangelio del día 21 de Julio de 2026.

Mateo 12, 46-50
En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo». Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Hoy nos fijamos en la frase:
“Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos”
Al finalizar la lectura de este relato evangelio, tenemos que sentir una gran alegría.
Jesús transforma y renueva el concepto de familia. Extiende su mano para mostrarnos que además la familia del vínculo de la sangre, tenemos otra familia con un vínculo más fuerte, el del amor de Dios.
Además de la familia pequeña y cercana a la que nos une por el amor humano y los vínculos de la sangre, Jesús nos presenta a la gran familia que es la fraternidad entre todos los hombres.
¿Cómo hemos de llegar a esa gran familia? La respuesta de Jesús es lo suficientemente clara: “El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Llegar a la fraternidad entre todos los hombres cumpliendo la voluntad de Dios, supone liberar los corazones de egoísmos y de intereses; transformar nuestros corazones en gratuidad, servicio y amor a los demás.
Aunque puede parecer que Jesús ignora en estas palabras a su Madre y hermanos (parientes) que están fuera, no es así. Podemos entender que ese extender su mano, es incluirnos a todos y mostrarnos la igualdad de la nueva familia cristiana, donde tienen cabida todos los hombres que cumplen con la voluntad de Dios, sin poner ni siquiera a su Madre, en ese momento por encima de los demás. María su Madre, que es la mejor y más fiel cumplidora de la voluntad de Dios y que nos entrega como Madre nuestra en el momento que Él cumple totalmente la voluntad del Padre entes de morir en la Cruz.
Señor, gracias por llamarnos a formar parte de la gran familia cristiana, por el amor que derramas en nuestros corazones y nos ayuda a cumplir tu voluntad.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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