Evangelio del día 2 de Septiembre de 2026.

Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella. Él, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían: «Tú eres el Hijo de Dios». Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos. Pero él les dijo: «Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado». Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Hoy nos fijamos en la frase:
“Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado”
Hoy podemos ver claramente como Jesús no se instala en la comodidad. La invitación que nos hace es la de estar en continuo servicio y actividad.
Podía haber curado a la suegra de Pedro y haberse quedado cómodamente a descansar, sin embargo siguió curando enfermos, sanando corazones y evitando toda notoriedad.
Después, nos dice el texto “se retira a un lugar desierto”. Jesús siempre nos da ejemplo. La oración es el descanso, la paz del corazón, el momento de hablar con nuestro Padre, Adorarle y darle Gracias.
Y todavía nos da una lección más. No podemos apropiárnoslo, como si fuera solo nuestro, como si hubiera venido solo para unos pocos. Nos dice bien claro que hay que salir al mundo a proclamar el Reino de Dios.
En este texto nos encontramos por lo tanto con todo aquello que Jesús hacía y que nosotros tenemos encomendado hacer como cristianos de nuestro tiempo: la compasión, la curación y sanación física y espiritual, la ausencia de protagonismo, la oración y la misión.
Señor, no permitas que nos instalemos en el confort. Envíanos tu Espíritu para que toque nuestro interior y nos levante para amar y servir. Nos de fuerzas para ayudar a curar las heridas a los hermanos más necesitados.
Que nuestras oraciones y vigilias de adoración, sean el desierto silencioso donde encontrarnos contigo, para salir llenos de ti a proclamar tu Reino de Paz, Justicia y Amor.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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