4 de Septiembre de 2026. Una frase del Evangelio de cada día. “Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; y los tuyos, en cambio, comen y beben”

Evangelio del día 4 de Septiembre de 2026.

Lucas 5, 33-39

En aquel tiempo, dijeron a Jesús los escribas y los fariseos: «Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; y los tuyos, en cambio comen y beben». Jesús les dijo: « ¿Acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días». Les dijo también una parábola: «Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: “El añejo es mejor”».

Hoy nos fijamos en la frase:

            “Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; y los tuyos, en cambio, comen y beben”

Hoy volvemos a ver como los fariseos sigue aferrados al cumplimiento externo de la ley. A nosotros debe interpelarnos la respuesta de Jesús y con detenimiento discernir ¿cómo la aplicamos y actuamos, como entendemos ese cumplimiento?

Si nos encerramos en prescripciones y costumbres rutinarias que nos atrapan en lo viejo, en lo que se ha hecho siempre, o somos capaces de entender la Palabra de Dios, como algo renovador, novedoso cada día.

Jesús, no está en contra de la ley. Está en contra de la mala interpretación, de la interpretación cómoda, interesada, ritualista e incluso impositiva, que ni da fruto, ni sirve a la plenitud del Reino.

El espíritu del Evangelio, no está en imponer ayunos y oraciones, rituales y liturgias. Es un espíritu de renovación constante, de vida nueva, de vida activa, de entrega tomando como ejemplo la vida de Cristo. Todo lo demás son estructuras y formas perecederas –que en ocasiones se hacían de una manera y luego se cambian-. El seguimiento de Jesús, no admite cambios, pero si entrega novedosa y constante por el hermano, amor sin medida por el prójimo, compasión y misericordia por el necesitado. Y todo ello acompañado de los preceptos y mandamientos bien entendidos, de la oración y los ritos religiosos. Si no ponemos por encima de todo el principal de los mandamientos “Amar a Dios y al prójimo”, nuestro cristianismo puede ser ese “vino añejo” que por haberlo hecho costumbre, acabe por agotarse y avinagrarse, quedándonos sin probar y conocer el verdadero “vino nuevo” Jesús.

Señor, renueva nuestros corazones para que entendamos que seguirte es caminar con alegría en la novedad constante del Evangelio.

Adorado sea el Santísimo Sacramento.

Sea por siempre Bendito y Alabado.                                               FVR.

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