Evangelio del día 5 de Septiembre de 2026.

Lucas 6, 1-5
Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado? Y Jesús les respondió: ¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban? Y les dijo: El Hijo del hombre es señor del sábado.
Hoy nos fijamos en la frase:
“¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?”
Este texto de Lucas sigue mostrándonos la equivocación de los fariseos en cuanto al cumplimiento de la ley de Dios.
La interpretación rigurosa, incluso tiránica, imponía obligaciones y mandatos exagerados y ridículos como el coger las espigas y frotarlas para comerlas, coartando esas interpretaciones la libertad que Dios da y la verdadera y única interpretación que es fundamentalmente: el amor, la misericordia y el servicio a los demás.
Jesús cambia el sentido, se revela contra la tiranía y esclavitud de las interpretaciones ideologizadas y los moralismos que pretenden cargar a los demás observancias que no se corresponden con el Evangelio, no conducen a una verdadera conversión y una vida en Cristo.
Practicar una religiosidad cristiana apoyada en muchos mandamientos que coartan la libertad sin poner a Jesús en el centro de nuestra vida, conduce a una religiosidad cómoda y falta del verdadero sentido del seguimiento de Jesús.
El Papa León XIV en su visita a España nos dejó algunas ideas sobre cómo ser fieles al amor y la libertad que Dios entrega a cada hombre, decía: “los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo! Y Cristo nos ha liberado con su amor”.
Jesús nos invita hoy a no estar atados solo a la letra de la ley, a la religiosidad del cumplimiento y las apariencias, sino que vivamos cercanos y unidad a Dios, que por amor se hizo hombre para salvarnos.
Señor, ayúdanos a vivir y practicar la ley del amor.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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