Evangelio del día 16 de Septiembre de 2026.

Lucas 7, 31-35
En aquel tiempo, dijo Jesús: «¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes? Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de: «Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones y no habéis llorado».
Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: «Tiene un demonio»; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores». Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».
Hoy nos fijamos en la frase:
“Se asemejan a unos niños…” “todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón”
De nuevo Jesús nos pide que interroguemos nuestro corazón sobre el modo y forma de seguirle.
Hoy nos toca reflexionar, discernir y analizar en profundidad sobre la manera en que queremos seguirle y alcanzar la salvación, y sobre el comportamiento con los demás.
Tenemos que preguntarnos:
Si queremos vivir el seguimiento con la comodidad que nos ofrece el mundo, con una religiosidad acomodada, ritualista y de un cierto orden establecido, o queremos vivir una vida en Cristo, implicada en el amor y la misericordia.
Si queremos vivir a nuestra manera, con una espiritualidad prefijada y sin arriesgarse o la que nos ofrece Jesús, sorprendiéndonos a cada momento con sus enseñanzas y obrando con el corazón siempre dispuesto a la misericordia y al perdón.
Jesús nos pide que no seamos como niños distraídos, que no nos quedemos sentados. Que tengamos cuidado con nuestras apreciaciones y opiniones sobre los hermanos. Que no critiquemos y nos dejemos llevar por las apariencias, por las primeras impresiones, por las opiniones ajenas, por lo que es superficial; sino que nos paremos a meditar y en oración poniéndonos ante Él, tratemos de comprender, de amar sin crítica ni juicio.
Jesús nos pide que seamos cristianos comprometidos con la Buena Noticia, que reconozcamos los signos y señales de Dios, los dones y cualidades que nos da y que tienen los demás.
Para reconocerle y no asemejarnos a los fariseos, lo primero es dejarnos tocar por Él. Dejarle entrar en nuestros corazones, en nuestras vidas, dejarnos convertir.
Señor, tu nos has hecho a tu imagen y semejanza. Queremos que tu Reino triunfe, que las generaciones te reconozcan como el Dios amor y sabiduría, que trae paz y alegría a nuestras vidas. Líbranos de comparar, de ver lo superficial de los demás y ayúdanos a ver solo en el corazón. A reconocerte como lo hacen “los hijos de la sabiduría”.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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