Evangelio del día 27 de Septiembre de 2025.

Mateo 21, 28-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
Hoy nos fijamos en la frase:
“después se arrepintió y fue”
Jesús nos presenta hoy un ejemplo sencillo de dos actitudes que nos muestran la fragilidad de nuestra condición humana.
¿Qué es lo importante de este texto?
El arrepentimiento.
Seguro que nosotros le hemos contestado a Jesús muchas veces ese “No quiero”, hoy no tengo ganas, no estoy dispuesto a hacer eso o lo otro, hoy estoy cansado lo dejo para otro día o para más adelante, ya iré o ya lo haré luego, e incluso olvidarnos y no hacer nada.
Si nuestra actitud es la palabrería, el quedar bien y contestar “Voy, señor”, pero me quedo cómodamente sentado y sin hacer nada, vemos claramente que no hay arrepentimiento. Por eso la acusación de Jesús es grave “En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios”. No basta con tener buena intención y luego no hacer nada. Lo importante es corregirse y acudir a lo que el Señor nos pide aunque nos cueste o incluso no lo entendamos. Arrepentirse es volver al amor del Padre para aprender a amar a los hermanos. Y en el amor pueden ganaros aquellos que nosotros creemos que están lejos de Dios, si hacen el bien y su obrar no se queda solo en buenas intenciones y palabras.
Jesús nos conoce y sabe de nuestras fragilidades. Lo que nos puede es creer en Él, reconocernos pecadores y arrepentirnos.
Dios siempre está esperando que volvamos a Él, que arrepentidos vayamos como el primero de los hijos a la viña a trabajar, o volvamos a la casa del Padre como el hijo pródigo.
Señor, reconocemos nuestras fragilidades, debilidades y comodidades que nos alejan de Ti. Arrepentidos y con tu ayuda, queremos ser discípulos fieles que trabajen por la verdad y la justicia.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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