Evangelio del día 28 de Septiembre de 2025.

Lucas 9, 46-50
En aquel tiempo, se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante. Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante»
Entonces Juan tomó la palabra y dijo:«Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros». Jesús le respondió: «No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».
Hoy nos fijamos en la frase:
“el más pequeño de vosotros es el más importante”
La tentación del poder ha existido y sigue existiendo. Ser los primeros, los importantes, los que más mandan, los que deciden…, esa ansiedad del hombre por ser más y tener más, es lo que hoy corrige Jesús a los que quieran seguirle.
Con sencillez, nos presenta cómo tiene que ser nuestro corazón para ser discípulos suyos.
La imagen de un niño, es precisamente la sencillez, la docilidad, la de sentir necesidad y ayuda. Y esa actitud normal de un niño es la que Jesús nos presenta como, la de llegar a ser más grandes ante los ojos de Dios y la de estar más cerca de Él.
Jesús hoy nos enseña dos cosas importantes en este evangelio: la primera a tener un corazón como el de un niño, limpio, sin costuras ni pliegues que puedan esconder impurezas. Un corazón abierto al amor necesitado, como el amor que necesita un niño, para que ese amor se transforme en entrega y en servicio.
Y lo segundo que nos dice es que no seamos excluyentes con los que obran bien, actúan con justicia y no están contra los bienes y la verdad de Dios.
Señor, nos ponemos en tus manos como hijos pequeños. Ayúdanos a eliminar el afán del poder, del tener, de ser el más importante, de la fama y el reconocimiento. Solo queremos servir y amar como Tú nos amas.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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