Evangelio del día 30 de Septiembre de 2026.

Lucas 9, 57-62
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo: «Sígueme». Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre”. Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».
Hoy nos fijamos en la frase:
“Te seguiré adondequiera que vayas”
Hoy vemos que Jesús sigue haciendo el camino encomendado por el Padre enseñando a discípulos.
Nos pone tres ejemplos de adhesión y ganas de seguirle.
En dos casos son ellos los que se ofrecen y en el otro es Jesús quien llama.
Observamos que esos discípulos ponen una gran decisión y entusiasmo, pero dos le ponen alguna condición, alguna pega, alguna duda, algo que hacer antes de seguirle o para seguirle, y al otro le advierte de que la misión es continua, que no tiene descanso.
Por lo tanto seguir a Jesús supone si entendemos bien sus enseñanzas, olvidar comodidades, seguridad mundana, lujos, poder y riquezas, propiedades y familia y dar preferencia a las cosas de Dios-
Esta austeridad que nos pide para seguirle no significa, desprendimiento y desafección total, sino poner siempre por delante el anuncio del Reino de Dios. Poner siempre a Dios en medio de lo que hagamos dándole prioridad.
Seguirle supone que nos ha llegado directo al corazón. Y ese seguimiento tiene que ser incondicional y exigente con nosotros mismos. Eso no quiere decir que tengamos que abandonar totalmente el amor a la familia, que no podamos ir a enterrar ni a los seres queridos, sino que lo que nos pide es algo más profundo, más radical. Lo que quiere que entendamos, es que nuestro seguimiento supone una obligación mucha más fuerte que cualquier otra obligación.
Decir “Te seguiré, Señor. Pero déjame…” La contestación de Jesús a este ofrecimiento, no es que olvides y no te despidas siquiera de los tuyos. Quiere decir que seguirle es mirar siempre hacia adelante, nunca atrás. No detenernos a meditar y pararnos a mirar sobre la vida ya pasada, sobre cómo se hacían las cosas antes, sobre si las cosas se hacían mejor o peor. Lo que nos pide el Señor es mirar siempre adelante, caminar siempre a su lado, confiar en Él y aceptar y adaptar los cambios a la sociedad actual con esperanza y verdadero amor a Dios y los hermanos. Ser cristianos de nuestro tiempo.
Señor, queremos seguirte sin mirar atrás, sin entretenernos en las cosas de este mundo e ir donde tu vayas y nos necesiten nuestro hermanos más necesitados.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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