Evangelio del día 1 de Septiembre de 2026.

Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, bajó Jesús a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad. Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz: «¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». Pero Jesús le increpó diciendo: «¡Cállate y sal de él!». Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño. Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí: «¿Qué tendrá su palabra? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen». Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.
Hoy nos fijamos en la frase:
“¿Qué tendrá su palabra?”
Una pregunta que también tenemos que hacernos nosotros, que también tiene que asombrarnos. Que necesitamos oír, entender y poner en práctica.
La Palabra del Señor tiene que ser nuestra fuerza, nuestra guía, nuestro modelo de vida. La enseñanza que debemos transmitir para contribuir a la misión salvadora de Jesús.
La palabra del Señor tiene autoridad para vencer el mal. Nosotros tenemos que acoger ese Palabra y ayudados por el Espíritu Santo llevarla al mundo con el ejemplo de nuestra vida, como nos decía el Papa León XIV en su visita a España “hemos de evangelizar no solo con la palabra sino con el ejemplo”.
Hacer presente a Dios en nuestras vidas y llevarlo a los demás, no puede dejar a nadie indiferente si nuestras vidas van unidas a la Verdad del Evangelio.
Como vemos en este texto, aunque el mal pretende revelarse, acaba reconociendo quién tiene la Verdad y la Autoridad.
Solo Dios tiene palabras de vida eterna, de amor y misericordia, de fuerza y verdad. En Jesús tenemos la referencia a seguir para vencer el mal y encontrar la paz en nuestros corazones.
Señor, que tu Palabra no nos deje indiferentes, que la escuchemos con atención y que nos sirva de ayuda para que nuestras vidas sean la fuerza que lleve tu amor a todos los hombres para que el mal sea derrotado.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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