Evangelio del día 10 de Septiembre de 2026.

Lucas 6, 27-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Y como queráis que la gente se porte con vosotros, de igual manera portaos con ella. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
Hoy nos fijamos en la frase:
“Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian…”
Jesús parece que quiere seguir poniéndonos las cosas difíciles. Como continuación a las Bienaventuranzas, hoy nos pide y desarrolla una nueva enseñanza que tenemos que tener en cuenta en nuestro estilo de vida si queremos ser fieles seguidores de Él e intentar vivir como Él vivía.
Hoy no solo nos dice dichosos por aceptar la voluntad de Dios, sino que nos pide que seamos misericordiosos como Dios es con nosotros.
Y para ello nos pide que hagamos el bien a quien nos odia o nos persigue. Que no maldigamos a quien nos maldice, sino que le bendigamos. Que no hagamos con los que nos injurian lo mismo, sino que oremos por ellos. Que a quien nos golpea le ofrezcamos la otra mejilla. Que demos lo que tenemos y no reclamemos lo prestado.
Ciertamente es lógico que pensamos, que solo con nuestras fuerzas esto es imposible de cumplir y por eso nos dice: “como queráis que la gente se porte con vosotros, de igual manera portaos con ella”. Y además deja un gran interrogante “¿qué mérito tenéis?” ¿si amáis solo a los amigos, a los que os aman; si solo hacéis el bien a los que obran bien con vosotros, o prestáis solo a quien os va a pagar?
La solución está en cumplir con el mandamiento del amor que Jesús nos ha enseñado, y que Él ha vivido hasta el extremo de entregar su vida por todos los hombres.
Señor, somos bienaventurados de seguirte, danos la gracia de entender bien que vivir es amar. Que amar es el gran don que nos has dejado para que todos seamos hermanos.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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