13 de Junio de 2026. Una frase del Evangelio de cada día. “Su madre conservaba todo esto en su corazón.”

Evangelio del día 13 de Junio de 2026.

Lucas 2, 41-51

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Hoy nos fijamos en la frase:

“Su madre conservaba todo esto en su corazón.”

Esta frase final del evangelio a de iluminar también nuestros corazones.

Ayer celebrábamos el Sagrado Corazón de Jesús y hoy el Inmaculado Corazón de María. Dos corazones unidos, el de la Madre por la gracia de Dios el del Hijo para cumplir la voluntad del Padre. Una unión perfecta a la que nosotros debemos aspirar con Jesús por medio de María.

¿Cómo llegar al conocimiento  y a esa unión con el Corazón de Jesús?

Fijándonos en nuestra Madre, con un corazón limpio, disponible a la voluntad de Dios. Aprendiendo hoy de Ella y del buen José. Como padres, es humanamente comprensible su preocupación, su angustia al no encontrar a su Hijo y lógicamente se ponen a buscarlo.

Una vez que lo encuentran, de José no nos dicen cuál fue la actitud, es de suponer que lo acepto y calló, pues ya sabía que aquellas cosas venían de Dios. De María, conocemos en este relato el reproche que le hace a Jesús: Hijo, ¿por qué nos has tratado así?”.

Las respuestas de Jesús, difíciles de comprender. A cualquiera de nosotros le pasaría lo mismo. Por eso la importancia de esa frase, de esa actitud de María: “Su madre conservaba todo esto en su corazón”. María no deja a un lado como si nada hubiera pasado y escuchado de su Hijo aquella escena. No lo aparta ni lo olvida, No comprende, no rechaza, sino que en su Inmaculado Corazón, lo guarda, lo deja que repose y madure para meditarlo e intentar entenderlo.

Hoy nosotros, en este mundo de inmediatez, donde queremos todo hecho al minuto. Donde lo que nos hace falta y hasta lo que no necesitamos, lo  queremos ya y ahora. Donde queremos resolver todo con impaciencia y seguridad, y parece que nos falta tiempo, que se nos escapa todo de las manos. Hemos perdido esa calma, ese sosiego que da la profundidad de la meditación, del silencio, de parar y reflexionar. Tenemos que fijarnos en la actitud de María, guardando lo que no comprendemos en nuestros corazones, dejándolo reposar, para que lo transcendente e incluso lo que no es necesario no nos agobie y seamos capaces de aproximarnos a comprender a Jesús, a confiar en Él como lo hacía María y a seguirle incondicionalmente aceptando nuestras limitaciones.

Señor, hoy queremos que nos des un corazón limpio como el de María, para comprender que tu tiempo no es el nuestro y que el proceso de la fe y de seguirte necesita paciencia, silencio, oración y adoración.

Inmaculado Corazón de María, intercede por nosotros ante tu Hijo y ayúdanos a tener un corazón humilde, paciente y limpio para guardar con fe lo que no comprendernos.

Adorado sea el Santísimo Sacramento.        

Sea por siempre Bendito y Alabado.                                               FVR.

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