Evangelio del día 13 de Mayo de 2026.

Juan 16, 12-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».
Hoy nos fijamos en la frase:
“recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará”
Lo mismo que Jesús no quiere que sus discípulos se agobien por entenderlo todo inmediatamente, es lo que nos pide a nosotros. La fe necesita su tiempo para ir madurando, para irse introduciendo en lo más hondo de nosotros, profundizando y moldeando nuestro entendimiento y conocimiento de Jesús.
Ese proceso lento es lo que anuncia a los discípulos y que hoy tenemos que comprender nosotros. Todo aquello que no comprendemos y que Jesús ya ha revelado es lo que va a ir perfeccionando en nosotros el Espíritu Santo que nos ha enviado y que nos guiará y ayudará a conocer en plenitud la verdad.
Verdad y revelación que ya se ha dado en Cristo, y que una vez cumplida su misión salvadora, el Espíritu a de continuar, no de forma y por cuenta propia, sino en comunión con las otras dos personas de la Santísima Trinidad, Dios Padre y Dios Hijo.
Nos dice que el Espíritu, no hablará por su cuenta, sino que hablará de lo que ya ha dicho y anunciado Jesús y de lo que está por venir pero que recibirá de Dios Padre y Dios Hijo. De esta Trinidad, la tercera persona, tomara lo anunciado y vivido por Jesús, que también es patrimonio de Dios Padre y lo seguirá anunciando.
Hoy se nos invita a abrir nuestro corazón, a ensanchar nuestra vida interior, a recibir el Espíritu de la verdad, para profundizar en las enseñanzas de Jesús “recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará”. Recibamos el Espíritu que Dios nos envía, encontrando momentos de silencio, de reflexión; deteniéndonos unos momentos en nuestra vida diaria, y como adoradores nocturnos, especialmente en los momentos de silencio ante Jesús Sacramentado. Se nos invita a recorrer un camino nuevo y a dar nuevas respuestas. Debemos, pues preguntarnos, ¿estamos dispuestos a aceptar las novedades que nos manifieste el Espíritu, o queremos seguir con nuestras costumbres, estructuras, ritos y celebraciones, acomodadas y faltas de respuesta?
Señor, danos la gracia de escuchar tu voz a través del Espíritu Santo para que nos guie en la verdad.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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