Evangelio del día 14 de Julio de 2026.

Mateo 11, 20-24
En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».
Hoy nos fijamos en la frase:
“se puso Jesús a recriminar a las ciudades…”
Sigue Jesús en este evangelio con un tono duro y de lamentación por la falta de conversión de aquellos que han visto y o bien no le creen, o se han desanimado porque no es lo que esperaban de Él, o simplemente se han acomodado y acostumbrado e instalado en la rutina.
Eso es lo que nos pasa hoy también a nosotros. Nuestra fe está adormecida o desanimada. Muchas veces decimos, esto no puedo hacerlo, hasta ahí no soy capaz de llegar, o pedirme esto es demasiado. También en ocasiones empezamos las cosas con mucha fuerza, pero confiando solo en nosotros mismos y eso no es bueno y no acudimos a la ayuda de Dios acabando derrumbados y derrotados.
Esta es una forma de vivir en la mediocridad del seguimiento de Cristo. Lo que llamamos habitualmente, querer y no poder o quedarnos en el mero cumplimiento.
Por lo tanto, lo primero que tenemos que plantearnos, es que la conversión y el seguimiento, no es algo que podamos conseguir sin la ayuda de Dios. Sin pedirle fuerzas para seguirle, para convertirnos de verdad al conocimiento de su amor.
Abramos pues nuestros corazones al amor, la misericordia, la compasión, la ternura y bondad de Dios Padre, que nos ama sin medida. Que no toma nota de nuestras debilidades, sino que acude a levantarnos. Que nos da la gracia de empezar a caminar de nuevo, de volver a Él y seguir buscándole. De “alzar la mirada” como dice el lema de la visita del Papa León XIV en su visita a España.
Señor, queremos que en ese “alzar la mirada” seamos capaces de encontrarte en los cercanos, en los que nos necesitan, en los que te buscan.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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