Evangelio del día 15 de Abril de 2026.

Juan 3, 16-21
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».
Hoy nos fijamos en la frase:
“Tanto amó Dios al mundo,…”
Con la alegría de la Pascua del Resucitado, hoy el evangelio nos invita a reflexionar como es el amor de Dios.
El amor de Dios es por propia iniciativa, no es por nuestros merecimientos, no espera que seamos perfectos. Es un amor gratuito, cercano, inmenso el que nos da. Es un amor de Padre, que no es exigente, que nos levanta de nuestras caídas. Un amor que da vida, busca nuestra felicidad presente y futura, que no se impone sino que ilumina la verdad. Un amor que transforma y pone luz donde hay oscuridad. Ilumina las tinieblas y permite descubrirle en los que Él ama con más fuerza, nuestros hermanos más necesitados y los niños. Dios ama a los más débiles, para transmitirles la fortaleza y la confianza en esa nueva vida donde ya no habrá sufrimiento, la vida eterna.
En nosotros, en nuestra forma de vivir, de entender el ser cristiano, el ser discípulo; en nuestra religiosidad y manera de celebrar al Resucitado; en nuestras actitudes en la vida, en reconocer nuestros errores y confiar en el amor de Dios y amar a los hermanos, está la elección de vivir en la luz o vivir en la oscuridad.
Señor Jesús, ilumina nuestras vidas aletargadas por la comodidad y las rutinas, para que nuestros corazones endurecidos de ver tantas injusticias, tantas violencias, tantos desamores, estén siempre abiertos a tu amor, y elijan la luz del Evangelio para ir al mundo anunciando que vives, que has Resucitado y hemos sido salvados por amor en la Cruz.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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