Evangelio del día 2 de Marzo de 2026.

Lucas 6, 36-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
Hoy nos fijamos en la frase:
“os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante”
Jesús nos dice hoy tres cosas que son el camino a seguir en nuestra vida de discípulos.
Cómo tenemos que ser, obrar y actuar con los hermanos: no hace falta mucha explicación. La misericordia que Dios tiene que ser la misma que tengamos nosotros con los demás. La magnanimidad de Dios en perdonarnos es la misma que tenemos que ejercer nosotros con quien nos ofende.
Qué cosas no tenemos que hacer. no juzgar y no condenar. Jesús nos dio varios ejemplos: no juzgo ni condeno a la Magdalena, no miró la nacionalidad de la samaritana, en otros se nos pide no murmurar –que ya es una forma de estar juzgando-, en Romanos 2:1-3 se nos dice “pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo”, porque seguramente nosotros cometemos las mismas faltas y no vemos la viga en nuestro ojo y si la paja en el del hermano. Y en Juan 3:17 nos deja claro cómo actúa Dios “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por él”.
Qué tenemos que dar y en qué medida: parece claramente que lo que recibimos de Dios gratis por su gracia, lo tenemos que entregar gratis a los hermanos y la medida es la de Dios Padre, sin medida, todo, de forma que nuestro amor, misericordia, perdón, comprensión, entrega, servicio, llene y rebose en nuestro corazón y en el del que recibe. Esta es la verdadera alegría de ser cristianos.
Señor, queremos darte gracias por estas enseñanzas sencillas de comprender que pones en nuestra vida para seguirte y por esa locura de amor misericordioso que entregas a todos los hombres. Danos la gracia de entregarnos a los demás sin juzgar ni condenar, donándonos con misericordia, alegría y ternura a todos los hombres, sobre todo a los más necesitados.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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