Evangelio del día 23 de Julio de 2026.

Juan 15, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».
Hoy nos fijamos en la frase:
“el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada”
No es necesario hacer mucha interpretación de este texto. Leído detenidamente, Jesús deja bien claro que sin estar unidos a Él podemos hacer poco o nada.
La única manera de dar fruto es permanecer en Él, sin Él no somos nada.
De la vid le llega al sarmiento el alimento para dar fruto. Permanecer unidos a Cristo es la única forma de que nos alimentemos del amor de Dios para poder dar fruto. Mantenernos unidos a Cristo es lo que nos mantiene en la misión del anuncio de la verdad y la entrega a los hermanos más necesitados; es descubrir cada día en el amor de Dios la fe y confianza, la fidelidad y la unión a Dios, la esperanza en la buena noticia que tenemos que anunciar al mundo.
Nos dice Jesús “permaneced en mí, y yo en vosotros”, esto supone vivir en comunión con Él. Una comunión recíproca que nos ayudará a que brote en nosotros el amor del Padre, para poder presentarnos ante Él con frutos abundantes. Una comunión de amor que también nos ha anunciado “amaos unos a otros como yo os he amado”. Amor verdadero, sin límites, sin egoísmos, sin apetencias de figurar, de poder, fiándonos plenamente de su Palabra.
Señor, queremos permanecer siempre junto a ti. Como adoradores nocturnos no solo queremos contemplarte, adorarte y recibirte en la Eucaristía, sino que queremos que nuestro corazón se abra a ser sarmientos que abracen a las personas necesitadas y las que no te conocen, para que puedan unirse a Ti.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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