Evangelio del día 23 de Junio de 2026.

Mateo 7, 6. 12-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros. Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas. Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.
Hoy nos fijamos en la frase:
“Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos”
Ayer Jesús nos decía que con la medida que juzguemos así seremos juzgados. Hoy sigue ofreciéndonos otras tres lecciones para nuestra vida cristiana.
Hacer el bien a los demás para que los demás hagan lo mismo con nosotros. Es fácil de comprender que si nosotros queremos ser escuchados, comprendidos, amados, respetados, perdonados…, que no nos juzguen y se compadezcan de nuestros errores y debilidades, lo que nos dice Jesús y a lo que nos invita es a hacer lo mismo con los demás. Y esto tenemos que hacerlo en la vida cotidiana, no hacen falta grandes obras: no ignorar, no hablar mal de otro, no responder con dureza o crítica exagerada para no recibir el mismo pago de los demás. También es necesario pararse a pensar en el sufrimiento que esto produce a los demás.
Nos dice que no entreguemos aquello que no quiere ser recibido, porque no están dispuestos a recibirlo. Pero esto no significa que no sigamos ejerciendo la caridad y continuando la misión del evangelio, sino que tengamos paciencia y elijamos el momento adecuado, la ocasión propicia para llegar al corazón del otro, sin imposiciones e insistencias que puedan endurecer más el corazón de quien queremos que llegue al conocimiento de la verdad. Por eso nos pide que amemos con sabiduría, sabiendo cuando hay que callar y cuando podemos hablar, siendo conscientes de cuándo puede llegar el momento de la siembra y dejando que Dios desde el silencio obre con todo su amor y bondad.
La puerta ancha y el camino espacioso parecen en principio atrayentes, sin complicaciones y agradables, pero es un camino momentáneo de lo mundano y de lo efímero. Sin embargo Jesús nos invita a entrar por la puerta estrecha y el camino angosto que conducen a la vida verdadera. Lleno de situaciones y momentos difíciles: perdonar, ser honestos, no mentir, ser pacientes, ser fieles, amar cuando nos odian… Todo esto nos supone esfuerzo, aceptar que el bien a veces nos hace sufrir, que el camino de seguir a Jesús requiere voluntad, renuncia, incomodidad ante las situaciones que nos encontramos en nuestra vida diaria.
Señor, te pedimos un corazón Valiente, paciente y sabio, que no desprecie lo sagrado y sepa comunicar a los demás tu amor y tu bondad. Que sepa renunciar a las puertas y caminos espaciosos donde no te vamos a encontrar y que caminemos junta a ti por ese camino que conduce a la verdad y la vida.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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