Evangelio del día 28 de Abril de 2026.

Juan 10, 22-30
Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente». Jesús les respondió: «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».
Hoy nos fijamos en la frase:
“Os lo he dicho, y no creéis” “Yo y el Padre somos uno”
Nosotros también queremos tener la seguridad de saber que Jesús es el modelo a seguir en nuestras vidas. Vamos a la Iglesia, leemos las Escrituras y queremos tener la seguridad de que su Palabra es verdadera.
Para que nuestra fe vaya creciendo poco a poco, Jesús nos dice claramente que es el Mesías, que todo lo que hace es en nombre del Padre y que los dos son uno solo. En este contexto de ir escuchando su voz y dejándonos amar por Él tiene que ir afianzándose la fe y confianza, el seguimiento y el cumplimiento de la misión que ha quedado encomendada a los que creemos y queremos seguirle.
Hoy, como en su tiempo, nos resulta difícil ver sus obras, por eso nuestra atención debe fijarse también en las obras que constantemente realiza, que dan testimonio de su forma de obrar, y que nosotros como cooperadores suyos tenemos que tratar de realizar en nuestras vidas, para que los demás crean.
Las obras de Jesús son tan importantes como sus palabras y revelan quien es y la verdadera misión salvadora de todos los hombres. En nosotros esta para seguirle como verdaderos discípulos, el reconocer la verdad de sus Palabras y ver sus obras; seguir sus enseñanzas y entregarnos a los demás, para que por medio de nuestra vida en Él y con Él, sea conocido como el Mesías enviado por Dios para salvar al mundo.
Señor, ayúdanos a disipar nuestras dudas e inseguridades, transforma nuestros corazones y nuestra vida, para que guiados por tu amor, obremos según tus mandamientos.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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