28 de Mayo de 2026. Una frase del Evangelio de cada día. “Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo”

Evangelio del día 28 de Mayo de 2026.

Mateo 26, 36-42

Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar». Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú». Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: « ¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil». De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

Hoy nos fijamos en la frase:

“Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo”

Hoy a nosotros adoradores nocturnos, nos tendría que entristecer este evangelio, pero por motivos diferentes a la tristeza de Jesús.

Jesús nos muestra en este evangelio con toda crudeza y profundidad su naturaleza humana. Sabe que va a morir. Sufre, se entristece como hombre y lucha contra lo que supone humanamente el sufrimiento y la muerte. Pero también sabe que tiene que cumplir la misión encomendada, pone por encima de todo cumplir la voluntad del Padre y para pasar esos malos momentos ora y se encomienda a su Padre.

A sus discípulos, y hoy a nosotros nos pide velar y orar.

¿Por qué nos podemos entristecer nosotros?

Nuestra obra consiste como bien sabemos, en velar y orar en las horas de la noche ante Jesús Sacramentado expuesto en la Custodia. Tenemos que ser realistas, puede que por la edad, debilidad, comodidad u otras circunstancias hoy nos parezca exigente estar varias horas en nuestras vigilias.

Lo que nos pide Jesús, no es nada exigente, al contrario es sencillo, como Él lo era, “Velad conmigo”, permanecer a mi lado, acompañarme, abrirme el corazón, orar al Padre, implorar al Espíritu Santo que os ilumine, no os durmáis y si os quedáis dormidos que sea junto a Mí, en mi presencia que yo vendré a despertaros.

Ciertamente nuestra carne es débil, y como Pedro, Santiago y Juan, nos hemos dormido, nos puede la depresión y nos desanimamos porque somos pocos y nos vamos agotando porque no hay vocaciones que quieran continuar. Hemos reducido las horas de nuestras vigilias y lo justificamos con razones que no son confiar en tu amor.

En lugar de acompañarte más, de orar con más fuerza, de pedir con más intensidad, con más humildad, amor y confianza en Dios poniéndonos en sus manos diciéndole: Señor, sabemos que sin ti no somos ni podemos nada, solo queremos hacer y cumplir tu voluntad. Nos hemos hecho más cómodos. Nos dispersamos y distraemos en asuntos accesorios, que no son el acompañarte y orar pidiéndote lo que está en nuestro ideario de adoradores, olvidándonos de nosotros mismos: “Orar con toda la Iglesia por todos los hombres”.

Señor, ayúdanos a vencer nuestra tristeza y nuestras certezas negativas. No permitas que nos quedemos dormidos en nuestros rezos rituales, despiértanos, ábrenos los ojos, envíanos tu Espíritu para que ilumine el camino. Como Tomás queremos decirte “Señor Mío y Dios Mío” creemos en ti. Aceptamos tu voluntad, pero vamos a hacerlo con alegría y a trabajar más por llevar nuevos corazones a tu presencia.

Adorado sea el Santísimo Sacramento.        

Sea por siempre Bendito y Alabado.                                               FVR.

Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *