Evangelio del día 29 de Abril de 2026.

Juan 12, 44-50
En aquel tiempo, Jesús gritó diciendo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas. Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».
Hoy nos fijamos en la frase:
“lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre”
Jesús sigue afirmando que todo lo que Él dice y hace viene del Padre y lo hace en nombre del Padre. Conocerle, creer, oír sus palabras, es conocer, creer y escuchar al Padre; y rechazar a Jesús es rechazar al Padre.
Deja muy claro que actúa, habla y obra por medio, encargo y mandato de Dios Padre.
El Padre es quien le envía para sacar al mundo de la tiniebla, para ser la luz que ilumine los corazones y crean. Su luz ha venido para iluminar nuestra existencia y nuestra vida. Jesús es la luz que nos trae la paz, la libertad, la esperanza y la vida eterna; que se enfrenta y vence nuestras tinieblas, inseguridades y dudas, nuestras libertades humanas, nuestras desesperanzas, el pecado y la muerte.
Hoy Jesús nos invita a creer en Él para llegar a conocer al Padre. Abrir nuestro corazón a Dios, tener una relación viva, profunda y cercana, es ir cultivando poco a poco la fe que ilumina el camino de la salvación. Confiar en la Palabra de Jesús, es saber que es Dios Padre quien nos habla, quien ilumina nuestras dudas y orienta nuestra vida cotidiana en el misterio del gran amor que ha derramado sobre nosotros enviando a su Hijo para salvarnos.
Señor Jesús, abrimos nuestros corazones, para que entre tu luz y nos guie, escuchemos, veamos y creamos en el que te ha enviado, para ser reflejo de tu luz, como tú eres reflejo del Padre.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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