Evangelio del día 4 de Julio de 2026.

Mateo 9, 14-17
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».
Hoy nos fijamos en la frase:
“el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan”
La lectura de este texto debería inquietarnos y hacernos pensar sobre la manera de vivir nuestro cristianismo, nuestra manera de seguir a Jesús.
Jesús compara lo viejo y lo nuevo. Pone en tensión vivir la vida en Dios, la fe, como algo rutinario y quizá vacía, con moldes, instituciones, formas caducas y acomodadas, o vivir según la nueva ley del amor, que lo cambia todo; que pide conservar lo fundamental, pero viviéndolo adaptado a la sociedad y el momento que nos toca vivir.
El vino nuevo, son las circunstancias y momentos que nos tocan vivir a los hombres de hoy, que son totalmente diferentes a las sociedades pasadas. Y como cristianos, sin desvirtuar nada de la ley de Dios, tenemos que vivir y servir ese seguimiento de Jesús de acuerdo con las necesidades actuales.
Los odres nuevos, somos los actuales cristianos, que tenemos que saber llevar a Cristo a todos los hombres. Aprendiendo de Cristo a renovar lo viejo, para ser y hacer cristianos nuevos, para saber derramar el amor de Dios renovando nuestros corazones y los de los hermanos, abriéndolos a las nuevas necesidades y nuevos espacios que necesitan nuestro apoyo. También cambiando nuestras comodidades, seguridades y criterios, por un discernimiento sincero y una renovación interior, que abra nuestra mirada al mundo nuevo y cambiante de cada día, en el que tendremos que adaptar nuestra forma de decidir, amar y perdonar; ofreciéndonos al Señor con abstinencias y ayunos nuevos, como los que nos decía el Papa León XIV esta cuaresma, para que penetre en nuestro corazón la ley nueva “el amor” y renueve nuestros corazones y manera de vivir el seguimiento de Jesús.
Señor, hoy queremos pedirte que cambies nuestras rutinas y comodidades religiosas en obras profundas llenas de fe y amor.
Adorado sea el Santísimo Sacramento.
Sea por siempre Bendito y Alabado. FVR.
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